PEPE PALANCA

PALANCA. Nombre artístico de José Lebrón López. Marchena (Sevilla), 1904-1976. Cantaor. Se inició en su tierra natal, alcanzando rápidamente gran popularidad en toda Andalucía con su personalísimo fandango. En 1931, toma parte en un espectáculo encabezado por Jesús Perosanz, en el Circo Price de Madrid, anunciándosela así: «Presentación del as moderno o el divino Palanca». Este mismo año también canta en el Gran Teatro Metropolitano y realiza dos giras por la geografía española, una con el elenco citado y, otra, junto a Angelillo, en la que se le anuncia como «renovador del fandanguillo». Se suceden sus actuaciones, muchas de ellas con Angelillo, hasta 1936.

Terminada la guerra civil, vuelve a Madrid, para cantar en el Monumental Cinema, en 1944, y participar en la Semana Flamenca, que este mismo año organiza él en el Teatro Fuencarral. Con Pepe Marchena, alternó en el espectáculo Pasan las coplas, en 1947. Otras de sus actuaciones más significativas, fueron, en 1965, en el II Concurso Nacional de Cartageneras, y su intervención en el elenco Solera, como «invitado de honor», en unión de Porrinas de Badajoz. En su tierra natal le fue ofrecido un homenaje, en 1974, que se celebró en el Cine Planelles, con la presencia de El Rerre de los Palacios, Juan de la Loma, Antonio Canillas, El Perro de Paterna, Diego Clavel y Juanito Maravillas, entre otros intérpretes.

Su popularidad en los años veinte, treinta y cuarenta fue auténticamente grande, siendo su fandango muy imitado por los aficionados en fiestas y reuniones. Pedro Camacho dedicó una semblanza a Palanca, en su libro Los payos también cantan flamenco, de la que transcribimos los siguientes párrafos: «Hay cantaores que se hacen famosos por un solo cante... Este es el caso de Palanca. Muchos que no hayan oído a Palanca cantar sus primeros fandangos, allá por los años treinta, no entenderán esta afirmación mía... Yo conozco a Palanca desde que comenzó a hacer sus primeros pinitos en el cante.

Casi coetáneo de su paisano Pepe Marchena, tuvo la desgracia de iniciarse cuando estaba en boga el fandango, y, sobre todo, el de Pepe Tejada. De haber vivido la época clásica de los cantes fundamentales hubiese sido un impar siguiriyero. Lo escuché cantar en la intimidad, cuando sus correrías de vagabundeo flamenco por tierras de Jaén, Linares, Jabalquinto y Andújar. El jipío con que daba entrada a sus peculiares fandanguillos daba escalofríos de cornada aviesa».

Anselmo González Climent, que le ha dedicado todo un capítulo en uno de sus ensayos flamencológicos, opina lo siguiente de Palanca: «Trátase de una figura que no está para el primero que pasa. Se mueve dentro de una difícil y personal lógica. Tanto por rechazo como por aceptación, es cantaor absorbente. Se impone apurarlo de un tirón. No es gozable en porciones. Divide en alta escala la mayor o menor tensión flamenca de los cabales... Palanca, sin ser más jondo o importante que Pastora, Aurelio o Chacón, es tan vertiginoso y sintético, verdad de a puño, que exige estar muy metido dentro del cante para disfrutarlo en toda su magnitud.

Profundamente imprevisible -todo él madrugada para un simple quejido, quizá el verdadero-, convengamos que representa una importancia minúscula de lo grande... Exige previas complacencias con un arriesgado sentido de lo jondo. Palanca anuda lo suelto, desampara la filigrana y presenta un cante áspero, tirado. Tirado: hete aquí la palabra, un concepto, un temperamento. ¿ Tirar el cante? ¿Abandono, desecho, dispendio? No: riesgo, síntesis, apuro de verdades esenciales». Su discografía es muy interesante y se le considera uno de los cantaores de su tiempo más originales y promovedores de afición. ....[continúa]