| RESEÑA HISTÓRICA |
Predominantemente llana, las altitudes medias no sobrepasan los 160 metros sobre el nivel del mar considerándose la altura máxima urbana en las áreas de Santa María de la Mota, San Agustín y San Miguel. Fuera del casco sobresalen los cerros del Capitán, de Montemolín, etcétera. Es un territorio que, por causas geológicas, posee diferentes tipos de suelo destinados a la agricultura y que configuran un relieve casi homogéneo en cuanto a la orografía pero diferente en cuanto a su riqueza y su explotación económica. El Sur del término municipal está dominado por los suelos arenosos y la pequeña propiedad (Andaluciense) y, por otro lado los valles del Corbones y del arroyo Salado (Cuaternario) configuran suelos arcillosos muy poco propios para los cultivos cerealísticos. Así y todo, más del 95% del término es cultivable. Estas circunstancias físicas, además de otras de carácter socioeconómico y político, han ido conformando las dos unidades clásicas de explotación: el minifundio y el latifundio que han llegado a nuestros días con grandes cambios en la estructura de la propiedad de la tierra, en especial desde la caída del Antiguo Régimen y el paso del Liberalismo económico en el siglo XVIII cuando los Estamentos Privilegiados como la Nobleza y la Iglesia van perdiendo su control. Otro tanto le ocurrirá a las propiedades públicas sustentada en el Concejo o Ayuntamiento (los llamados Propios o concejiles) con el paso hacia el Nuevo Régimen donde se impulsó el mercado de la tierra. Los cultivos predominantes han sido el cereal y el olivar. El primero basado en el trigo y la cebada, y el segundo, en la extracción del aceite y, más recientemente, en la aceituna de mesa con sus variedades de manzanilla y gordal. Indudablemente se sembraba forraje para el ganado (alcacel) puesto que era la cabaña ganadera la única herramienta poseída para las labores agrarias y el transporte, además de su uso en otras actividades industriales. La vid ocupaba pequeñas parcelas en terrenos pobres arenosos junto con los frutales y las huertas que se extendían cercanas a la población para abastecerla de alimentos de primera necesidad. En la actualidad, tanto la estructura de la propiedad de la tierra como el sistema de cultivos han sufrido grandes transformaciones. Gracias a los cambios económicos, nuevas clases sociales han accedido al disfrute de la tierra y se ha introducido el regadío junto con técnicas nuevas de producción. Climatológicamente predomina el tipo mediterráneo-atlántico con influencia del Océano Atlántico lo que la configura con un nivel máximo de precipitaciones en otoño-primavera-invierno y un verano extremadamente seco. El promedio es de 400-500 litros anuales, con temperaturas máximas en el estío y mínimas en los meses finales y principios de cada anualidad. Estas circunstancias y las características de sus suelos han configurado el abanico de los cultivos tradicionales. Poblacionalmente, la villa de Marchena alcanza los 18.000 habitantes concentrados en el núcleo urbano con nula demografía residente, de manera constante, en el ámbito rural. Esta circunstancia deriva de los grandes cambios iniciados en los años 40 del siglo XX cuando se introduce, de modo paulatino, la revolución de los transportes y de la maquinaria empleada en las faenas agrícolas lo que lleva al abandono de los grandes cortijos y pequeños centros de población minifundistas de autoconsumo, en especial en el pago de Las Arenas. Es cabeza del partido judicial que lleva su nombre desde mediados del siglo XIX englobando las localidades vecinas de Paradas (que se desgajó de ésta a finales del XVIII) y Arahal que formó parte del Señorío de Osuna. Fuentes de Andalucía fue segregada también del término en la segunda mitad de la decimonovena centuria. |